miércoles, 27 de octubre de 2010

Popurri de recuerdos

Llevo varios días sin escribir, estoy todavía adaptándome a mi nueva vida. No es que haya pasado nada excepcional, sino que he vuelto al trabajo y eso supone reorganización de horarios y rutinas, tanto para mis niños, como para mi. Y es una pena el no haber escrito antes por que han pasado muchos momentos de esos que a mi me gusta recordar.
El primero fue hace dos o tres semanas, el pequeño que es muy risueño, nos deleitaba a su padre y a mi con un concierto de carcajadas, era un momento de lo más animado, cuando de repente algo llamó nuestra atención en él, vimos como un reflejo blanco, pero  no donde debía estar, sino un poco más a la derecha y eso que en los días previos no habíamos notado nada, ni alteración del carácter, ni malestar, ni nada que nos hiciese sospechar lo que estaba sucediendo, hicimos que se riera un poco más y pudimos verificar que lo que habíamos visto era cierto, ¡le estaba saliendo un diente! pero no de los centrales, como a todos los niños, sino que parece un colmillo o incluso una muela, no está claro todavía. Después de la sorpresa inicial, llegamos a la conclusión de que no podía ser de otra manera, mi hijo es diferente hasta para comerse el mundo, porque con ese principio de diente hemos conseguido el siguiente de los recuerdos, hemos pasado de comer cucharadas pequeñitas y escasas, a comer a dos carrillos todo lo que se le pone por delante, ¡así está! que lo llevamos al pediatra y nos dijo que tenía talla de un año y eso que hace hoy 7 meses, vamos un torete...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Ampliando horizontes

Mi enano es muy tranquilo, demasiado, tanto que en la guardería quieren adoptarlo, su profesora dice que en un mes solo ha llorado una vez y fue porque se golpeó con un sonajero.
Yo, porque lo he visto llorar, sino estaría preocupada. Que pasa, que esa tranquilidad le lleva a que tengamos que estimularlo mucho, por que a él todo le va bien, estar solo, acompañado, en la cuna, en la trona... de hecho no estira los brazos para que lo cojan, se limita a esperar y sonreir, hemos llegado a la conclusión de que no le hace falta y por eso no reclama.
El caso es que no se sentaba, pero por esa falta de iniciativa propia, por más que intentábamos que se mantuviera sentado, se reía y se dejaba caer, porque ni siquiera hacía el intento de tirarse, sino que para donde la ley de la gravedad decidiera, para allí caía.
Así que nada, hemos decidido que había que ampliar horizontes y hemos empezado a probar dejando muñecos fuera de su alcance para que tuviese que hacer el esfuerzo, pero él en su linea, "si no llego, no me interesa".
Pero este fin de semana ha descubierto los mandos a distancia, estábamos en el sofá, motivándole con sus muñecos favoritos y de repente a divisado el mando a distancia al otro lado, se ha tirado en plancha, de tal forma que ha descubierto que hay mundo un poco más allá del alcance de su mano, lo que también entraña sus riesgos, pero ya lo iremos corrigiendo poco a poco, así que de repente los juguetes que estaban más lejos han empezado a captar su interés y una vez en sus manos, se ha obrado el milagro, ¡ya se mantiene sentado!, así que nada, ahora doble vigilancia, una para que no coja nada con lo que pueda dañarse y dos que no se caiga o le dé por gatear.

sábado, 2 de octubre de 2010

Cuando encuentras tu otra mitad

De mis primeros pensamientos de infancia, que soy capaz de recordar, tengo un par de ellos que marcaron mi vida, inconscientemente, para siempre. El primero fue descubrir que en el año 2000 tendría 25 años, que para mi corta edad se me antojaba que tenía que ser la mejor edad de mi existencia, el segundo fue llegar al convencimiento, no sé como, de que el amor de mi vida llegaría en forma de flechazo y que sería un noviazgo rápido, no sé porque, pero estaba convencida de que cuando lo encontrara me casaría con él enseguida. Ya sabéis que soy una romántica, así que encima soñaba con una boda de cuento.
Con el paso de los años me fui afianzando en mis convicciones, a los 21 años y herida de amor, hice un viaje por casualidad, mi mejor amiga al verme mal, me propuso ir a ver a su novio, que por entonces trabajaba en otra ciudad y yo me dejé llevar, llegué con muchas ganas de divertirme y olvidar y como recibimiento nos esperaban el novio de mi amiga y su compañero de trabajo, lo vi y me enamoré, pero no solo me enamoré sino que encima sentí que era ÉL, ese que esperaba desde niña y con el que tendría mi boda de cuento, no se como pero lo supe. En la semana que estuvimos juntos congeniamos muy bien, tanto que él que es un chico muy reservado con su vida, llegó a contarme todo sobre si mismo.
La química entre nosotros era tan evidente que incluso una persona ajena a los cuatro, me dijo directamente "tu vuelves". Hasta ese momento entre nosotros no había nada, muchísimas horas de conversación y una noche entera de paseos y confidencias a la luz de la luna. Un intercambio de direcciones y teléfonos y la promesa de seguir en contacto, nada más.