¿Habéis observado atentamente a los niños?, se entienden, juegan, empatizan, se comunican y se divierten sin necesidad de hablarse.
El otro día escuché risas en el salón, cuando me acerqué, me quedé maravillada, mis hijos jugaban y se entendían, jugaban al escondite y a llamarse, uno se escondía y el otro lo llamaba, cuando el escondido salía, intercambiaban los papeles, vamos que os voy a contar, todos habéis jugado al escondite, pero mis hijos tienen 6 años y 18 meses, y ya os cuento que al pequeño no se le entiende nada cuando habla, pero los dos sabían como tenían que comportarse en cada momento, y esto no es un hecho aislado, tienen un feeling especial, si el grande está pachucho el pequeño lo mima, si el pequeño se cae, el grande lo consuela, no sé como será en el futuro, supongo que se pelearan como todos los hermanos, pero ahora mismo están perfectamente sincronizados y no conciben su existencia sin el otro, me gusta esta nueva etapa, en la que me quedan muchas tardes de verlos jugar juntos, aunque yo no los entienda, ellos seguro que si lo harán.
Estamos en un momento en el que entramos en una vorágine de recuerdos, cada día nos proporciona una primera vez de algo. Mi peque tiene ya 17 meses y el mundo se le queda pequeño, las horas no son suficientes para sus descubrimientos y cada minuto está lleno de sorpresas, vuela más que camina, y todo es susceptible de ser analizado, es muy observador, quizá demasiado, y sí, lo digo con un poco de retintín, en cuanto ve como se hace algo, inmediátamente intenta imitarlo, por su puesto ignorando el peligro que pueda implicar.